viernes, febrero 06, 2009



Conozco una niña que llora mientras ríe. Que confunde el sabor salado de las lágrimas con la dulzura de un abrazo. Que cuando quiere sonreir se entristece. Que cuando quiere llorar, dice que ve el cielo color azul. Conozco una niña que ha aprendido a vivir con ello. Que una vez pidió ayuda, y no se la dieron. Que pasó tanto tiempo sola, que ya no sabe que a su lado, si quisiera, podría haber gente. Que intenta ayudar a otros, pero que no sabe ayudarse a ella misma. Y que no quiere que la ayuden. Conozco a una niña a la que una vez rompieron el corazón, y no supo arreglarlo. Que se pasea por el mundo con un remiendo en el pecho. Conozco una niña que no quiere que le den puntos, no sea que, al quitárselos, la herida siga abierta. Conozco un caracol que no lleva su casa a cuestas, porque no la encuentra. Que vagabundea perdido, desorientado, con una brújula estropeada en el bolsillo. Conozco un caracol sin caparazon, porque se la aplastaron sin darse cuenta. Conozco un caracol que por las noches tiene frío, pero que no tiene boca para pedir una manta. Conozco un caracol que un día, buscando su casa, encontró otros caracoles. Que pensó que le entenderían, pero a los que realmente cree no dio la oportunidad. Y ahora, mientras permanece entre ellos, se pregunta cómo alejarse sin hacer ruido. Sin echarles de menos. Que se pregunta si podrá terminar a tiempo la cáscara tanto tiempo trabajada. Que quisiera saber si, aunque incompleta, cuando esté solo le quitará el frío. Que mira hacia arriba preguntándose si alguna vez será lo suficientemente fuerte como para resistir los pisotones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario