
Ya nada es lo que era, nuevos paisajes, nuevas fronteras, delimitando mis gestos, mis costumbres. Otra lumbre iluminará mis versos, otros muertos mis soledades, otras felicidades mis fiestas, otras dudas mis certezas. Ya nada es lo que era. Me tendré que acostumbrar a esta fría soledad como un viejo con días contados a su enfermedad. Y nombrarte o esperarte en un café, y padecer otro principio, y volver a los sitios en que me has abandonado, y ser asesinada allí donde te amé. Ya sólo me queda la vacía pena del viajero que regresa. Estoy tan perdida, soy la asesina de tantas primaveras. Ya nada es lo que era, recorreré las aceras buscando una luz que me recuerde a ti.
Ya nada es lo que era...

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